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lunes, 21 de julio de 2014

Las palabras se cansan de esperar



Han pasado cuatro años desde que los personajes de una novela muy especial comenzaron a hablarme. Eso no significa que necesite tratamiento psiquiátrico (o al menos, esa no sería la principal razón); simplemente es el desencadenante de esta afición, hobby o condena, en la que tu cabeza se puebla de personajes dispares que te visitan deseando que cuentes su historia. 

Entonces, tú te sientas a ver su vida, cómo se comportan, qué hacen o dejan de hacer, cómo se llaman, de qué color son sus ojos y si en las noches de verano son de los que se quedan mirando las estrellas sin ningún motivo aparente. 

Normalmente visualizo una escena, y a partir de ella se comienza a construir el resto a su alrededor. Como si de la construcción de un rascacielos se tratase, pero empezando en el piso cincuenta y siete, luego saltando al quince, y así sucesivamente hasta que un día construyes los cimientos y pones la última piedra. 

Puede parece que es el final del proceso. Muy al contrario, no es más que el salto de una etapa a otra muy diferente. Mi manuscrito, con apenas setenta mil palabras y cuatro personajes protagonistas deseando contar su historia a extraños y curiosos, estaba completo y lleno de vida.

Desde entonces, ha pasado por múltiples impresiones, envíos a concursos, editoriales, páginas web especializadas y hasta encontró un agente literario. Sin embargo, a los impedimentos comunes que un escritor novel puede encontrar, se me juntaban dos más adicionales: el hecho de no residir en España y el tener una carrera profesional a la que ya dedico lo mejor de mi energía y tiempo.

Así pues, tras estos años de intentar seguir el camino que parecía estar marcado, me he dado cuenta que escribir para mi es una pasión, una afición, algo que se apodera de mí y me obliga a llenar una página en blanco de palabras e historias. Pero no es una carrera profesional ni una meta que alcanzar.

Por eso, tras mucho deliberar junto a mis personajes, por supuesto, me han dicho que están cansados de estar abandonados en el olvido de ese cajón virtual y que necesitan un poco de aire y luz, pero sobre todo, de lectores que devoren esas páginas llenas de palabras que están agotadas de tanto esperar. 

En las próximas semanas estará disponible para todos vosotros esta segunda novela, de la que sólo puedo avanzar que está poblada de unos personajes con tanta personalidad, que cuando caiga en vuestras manos entenderéis por qué no puedo dejarlos más tiempo a la sombra. También os dejo el título, para que vayáis especulando: El gato que soñaba con saltar desde el balcón.

jueves, 2 de agosto de 2012

La novela sin título


Comenzar con un nuevo proyecto siempre es un momento emocionante. Anoche escribí las primeras  palabras de lo que será mi tercera novela. Después de trabajar la historia y los personajes durante los meses, resulta gratificante sentarse frente a una página en blanco y descubrir que las palabras brotan automáticamente, como el agua sale del grifo cuando lo abres. 

Debo reconocer que esta fase del proceso de creación es mi preferida con diferencia, escribir los primeros capítulos y sentar las bases y la personalidad de cada implicado en la trama. Ver como nacen en el papel, como las palabras retratan cada aspecto que los hace únicos y característicos. Entender cómo se aferran a cada párrafo suplicando contar su historia, que indirectamente es la mía propia.

Hace un par de meses colgaba discretamente una prueba de concepto para ver cómo sonaban las palabras puestas en boca de los personajes, para descubrir qué voz tendría el narrador. Todo parecía encajar perfectamente, solo falta terminar de crear el resto de piezas para componer el puzle creativo. Aun podéis leerlo aquí, A nueve dígitos de distancia, como el que espía a través de un agujerito lo que será la nueva obra.

Para escribir el manuscrito he decidido imponerme un ritmo de mínimo 6.000 palabras por semana. Es un equilibrio entre escribir en el NaNoWriMo y el primer manuscrito, del que apenas conseguí mantener aquella cifra constante durante un par de meses cuando me puse serio.

Espero que os guste, ya sabéis que las cosas de palacio van despacio y la segunda novela sigue en el aire, aunque soplan vientos lejanos que pueden traer buenas noticias. Simplemente es pronto para saber si será un huracán o quedará en una simple brisa de verano.  

martes, 17 de julio de 2012

Como la noche calmada en el desierto

Así siento este blog, en el que parece que nunca pasa nada, donde los post se quedan como dunas estáticas durante semanas, aunque se muevan en la tranquilidad de la noche oscura.

Repto entre los planes cual serpiente sin saber si es hora de cambiar de piel. Me cubro de arena cual escorpión al sol mientras alimento las ideas de la novela nueva. El desafío comenzará con la próxima luna llena, para absorber su luz tremenda. Otros preferirán llamarlo el primero de Agosto, como si los días del calendario aportasen algo más que un rectángulo vacío de papel donde esculpir recordatorios anodinos del día a día.

Por su parte, "El gato", la segunda novela de la que aún no me atrevo a desvelar el título completo, camina lento y con cautela, preparándose para dar pronto el salto al mundo editorial. Se relame pensando en las posibilidades y en los eventos, escupe bolas de palabras que le sobran y maúlla tímido ante el mundo editorial que como un gran bulldog ladrando, ante él se presenta. No le importa que las respuestas lleguen negativas y lentas, pues siete son las vidas con las que cuenta.

Para los más veteranos que aún recuerdan, "El ángel" sigue dando guerra. Desde que aterrizó en Amazon, esa jungla digital de autores sin imprenta, llena de atardeceres en los templos de Bangkok y de comida asíatica a todo aquel Kindle que encuentra.

Y como el verso nunca fue lo mio, ya que la prosa lo detesta, despido estas palabras que una duna nueva asientan, en este desierto de páginas en blanco que siempre terminan contando más de la cuenta.

martes, 23 de agosto de 2011

La aventura de escribir (parte 5): Mover el manuscrito definitivo

A estas alturas del proyecto estaremos agotados, llevaremos más de un año de trabajo (incluso dos) a nuestras espaldas y apenas hemos llegado a la verdadera lucha: la publicación.

Supongo que es una decisión personal que según el proyecto y la ambición de este tomará una forma u otra. De todas formas, aquí comienza el primer choque con la realidad de la literatura: sólo unos pocos privilegiados podrán vivir de ella y publicar con una editorial siendo un escritor novel es una misión imposible.

Sin embargo, no todo tiene que seguir ese esquema, afortunadamente hoy vivimos en la era digital y hay más opciones. Seguramente me deje alguna que nunca haya contemplado, lo cual agradecería que se comentasen en los comentarios para añadirlas, pero más o menos están son las opciones que encontré una vez tenía un manuscrito final.

  • Concursos
Los concursos literarios son una buena forma de comenzar a mover la novela y encontrar una posibilidad real de publicación. Sería como conseguir un poco de currículum para esta con el cual tendríamos algo más de oportunidades de ser publicados en una editorial. Algunos concursos (si no muchos) tienen una editorial detrás de forma directa o indirecta que también puede premiar con la publicación en determinadas condiciones si se gana el concurso. Dependiendo de la temática de la novela tendremos más o menos opciones para presentarnos. Mi consejo es comenzar a buscar concursos a nivel local/regional antes de lanzarnos a los nacionales o internacionales. Si la temática es específica, también merece la pena buscar concursos específicos, donde el número de candidatos será menor aunque seguramente mejor preparados. Aun así, hay que intentarlo y sobre todo recordar que “lo importante es participar”. El inconveniente de los concursos es que cuanto más grandes son, más tardan en contestar. Algunos de ellos pueden fallar el resultado meses después, entre 4 y 6 meses. Así que debemos planificar bien a que concursos nos queremos presentar con antelación.
  • Editoriales
Es un mundo complejo. Las grandes editoriales apenas hacen caso a los nuevos escritores y las pequeñas, tienen una red de distribución pequeña que no consigue lanzar a un escritor desde cero. Sin embargo, nunca está de más intentarlo. Lo recomendable es buscar editoriales que puedan ser afines a la temática de la novela para ampliar las posibilidades. El mejor consejo que he encontrado navegando por la red es contactar primero con la editorial antes de enviar nada. Así serán ellos quien te pidan un manuscrito completo, los primeros capítulos, una carta de presentación, etc. Los tiempos de respuesta son largos, unos 6 meses mínimo, así que es una actividad que se puede compaginar con los concursos para amenizar la espera.
  • Co-edición
Algunas editoriales, sobre todo las más pequeñas, ofrecen un servicio de co-edición en el cual el escritor asume los gastos de impresión de la edición. Como todo tiene sus ventajas e inconvenientes, igualmente hay distintos modelos y condiciones. Lo más interesante sería encontrar una editorial dispuesta a publicar nuestra novela y a distribuirla. De esta forma, aunque asumamos los gastos de la impresión, tendríamos una oportunidad al llegar la novela a las librerías. Algunas editoriales ofrecen también herramientas de promoción sin gasto alguno. Es una inversión arriesgada y depende de cada uno sentir si es recomendable o no. Lo más importante es buscar información sobre la editorial en internet antes de decidirnos a dar un primer paso y asegurarnos que la red de distribución cubre un el área que nos interesa y si se disponen a publicar cualquier novela que les llega (casi como una imprenta) o tienen un mínimo de selección de obras.
  • Auto-edición
No es un nombre formal, pero quería diferenciar esta forma de publicación que consiste en imprimir una tirada de tu novela por ti mismo (convirtiéndote en tu propia editorial) y distribuyéndola de forma manual, de librería en librería. Los establecimientos más pequeños no suelen poner pegas a recibir en depósito un pequeño número de libros, aunque lo más duro sería la promoción y hacer conocer la novela (que acepten tu libro en depósito no garantiza que vaya a estar expuesto en una estantería). El mayor riesgo de esta inversión es que las tiradas suelen empezar a ser razonables a partir de unos 200-300 libros, que si no se venden acabarán en el trastero cogiendo polvo. Además, la inversión en tiempo es mucho mayor al tener que realizar todo por nosotros mismos: ISBN, depósito legal, distribución, etc.
  • Auto-publicación
En auge gracias a internet, esta forma de publicar es la que menor inversión inicial necesita y la que menos riesgo implica. Gran parte del trabajo lo realiza el autor, pero se tiene el apoyo de la plataforma de publicación. Actualmente las más conocidas son bubok y lulu, aunque la segunda está en EEUU y tiene el inconveniente de unos gastos de envío abusivos y que el soporte se realiza en inglés. Hay diversos niveles de inversión que se puede realizar en una auto-publicación, lo que convierte el sistema en flexible, y es fácilmente combinable con los formatos electrónicos. Es una buena forma de darse a conocer como escritor y permite experimentar con formatos menos comerciales.

Sea cual sea la forma de publicación que escojamos, debemos ser conscientes de que es una carrera de fondo donde hay que armarse de paciencia y estar dispuesto a recibir muchas negativas y críticas respecto a nuestra obra. Sin embargo, si lo conseguimos, será la primera satisfacción de escritor que recibiremos y conseguirá que haya merecido la pena tanto esfuerzo.

miércoles, 3 de agosto de 2011

La aventura de escribir (parte 4): La corrección del borrador (y sigue)

Cualquiera que se haya aventurado a escribir un proyecto largo, ya sea una novela, un proyecto fin de carrera, una tesis o un documento importante de cierta extensión, sabrá que la parte que más tiempo y energía desgasta es la corrección. Haciendo un cálculo nada científico ni exacto y basado solo en mi experiencia, diría que hay que dedicar el tiple del tiempo que se ha tardado en escribir el borrador a la corrección del mismo.

  • Primera ronda

La primera ronda suele ser pesada. Se recomienda leer cada frase en voz alta, para evitar cacofonías y también para ser conscientes del ritmo de las frases dentro del párrafo, así como del párrafo dentro de la página. Haremos hincapié en eliminar repeticiones de la misma palabra muy seguidas, frases hechas, lugares comunes (metáforas obvias) y frases confusas. Al leer en voz alta también escucharemos mejor la voz de los personajes y si estos tienen voz propia o suenan planos.

Igualmente es recomendable llevar un control de la continuidad, especialmente si hemos escrito la novela por escenas y capítulos sueltos en lugar de seguir una cronología determinada. Así, es práctico tener una libreta donde anotar las referencias que aparecen conforme las encontramos en la lectura: fechas, días de la semana, meses, edad de los personajes, ciudades, estaciones… Con esto evitaremos que un personaje que dice tener 34 años en un capítulo, cumpla 37 en el siguiente cuando según la trama sólo han pasado unos meses.

Otro consejo práctico es subrayar el nombre de los personajes cada vez que son nombrados, para observar la presencia de ellos de una manera visual y descubrir si necesitamos referirnos a ellos con sobrenombres para no saturar la página con la misma palabra.


  • Segunda ronda

Ya hemos hecho una buena limpieza de erratas, abuso de muletillas, cacofonías y repeticiones. Ahora vamos a leer el borrador de una sentada. Lo recomendable es hacer una segunda impresión con las correcciones del anterior, siempre es más fácil detectar errores en papel.

Esta vez no necesitamos leer en voz alta, al contrario. Leyendo a nuestro ritmo habitual de lector podremos identificar las carencias de ritmo de la trama, escenas que no aportan nada a la trama, huecos donde podría explicarse más detenidamente algo o parrafadas demasiado extensas que acaban por agotar al lector. Seguimos en proceso de reescribir y nunca hay que sentirse temerosos de borrar un párrafo entero si no nos convence completamente. Cuanto más críticos y sinceros con nosotros mismos seamos, mejor resultado alcanzaremos.

El contexto de la historia se debe respetar por completo, especialmente en novelas históricas o donde el entorno juega un papel determinante en la trama. Detalles de fechas, eventos históricos, fisionomía y población de las ciudades que se mencionan, etc. Son aspectos que tanto se pueden detectar en la primera como en la segunda ronda. Para ello la mejor herramienta que podemos encontrar es internet. Mantener una ventana abierta con un buscador donde comprobar que toda referencia es correcta nos puede ayudar a no descuidar ningún fleco del entorno.


  • Proof reading

Nuestro borrador se encuentra ya en forma para enfrentarse al mundo real, aunque de momento no podamos salir más allá del círculo cercano. Es bueno tener una pequeña legión de amigos lectores dispuestos a valorar nuestra obra. Potencialmente, pueden detectar errores que se nos hayan escapado por la simple razón de que cuatro ojos ven más que dos, así pues diez ojos serán capaces de detectar mucho más. Además, cada persona tenderá a fijarse en un tipo de detalle particular que otro podría obviar. También nos darán una impresión general de la historia, los personajes, el ritmo, si engancha o no, si la lectura es pesada o amena y un sinfín de datos que podremos emplear para mejorar el manuscrito.

Ese muy importante recibir este tipo de correcciones como una crítica constructiva que busca ayudarnos a mejorar el estilo y la obra en sí. Para ello es importante seleccionar a las personas cuidadosamente, buscando voluntarios (más que imponiendo una obligación) y sobre todo haciéndoles sentir parte del proceso de creación. La gente suele reaccionar de forma positiva si se eligen las palabras adecuadas, y para un futuro escritor como nosotros mismos estas no deberían ser un problema.

También es importante dejarles un margen de tiempo amplio en el que se sientan cómodos, por ejemplo unos dos meses. Si la novela les engancha de verdad tardarán mucho menos tiempo del previsto y eso será una buena prueba de fuego también para comprobar la capacidad de adicción de la historia.


  • Última ronda

Una vez que recibamos los manuscritos corregidos, examinaremos una a una las sugerencias que nos hayan propuesto. Muchas de ellas serán bastante acertadas al ver la novela desde un punto de vista diferente. Otras sin embargo, podrán ser descartadas. El caso es que tras aplicar las que creemos conveniente, estaremos más cerca del manuscrito final.

Esto es una opinión personal, pero hasta este punto yo no me preocuparía de la primera página. Es de vital importancia que esta enganche al lector en apenas un par de líneas, que tras dos o tres párrafos sienta la necesidad de continuar leyendo. Ahora que tenemos el manuscrito casi listo, escribiría la primera frase en una hoja en blanco y la leería fuera de su contexto para comprobar el sonido de esta. También ayuda abrir los libros que encontremos a nuestro paso por la casa y leer únicamente la primera frase de cada uno de ellos.

Cuando estemos contentos con el resultado, podremos decir que nuestro borrador ha pasado a ser un manuscrito. También podremos afirmar que nos encontramos más cerca del final que del principio en este punto.

viernes, 22 de julio de 2011

La aventura de escribir (parte 3): La corrección del borrador

Han pasado meses y por fin tenemos el primer borrador de nuestra novela. Lo primero que tenemos que hacer, aunque suele costar trabajo, es “dejarlo reposar”. Antes de enfrentarnos a una revisión de lo que hemos escrito viene bien alejarnos y coger un poco de perspectiva para ser lo más objetivos posibles. Si cuando comenzamos la revisión creemos que somos unos genios y que hemos escrito la mejor novela de la literatura contemporánea… quizás es que no hemos dejado el borrador reposar lo suficiente. Cuanto más críticos con nosotros mismos seamos, más correcciones encontraremos en el borrador dejándolo lo más pulido posible de cara a la siguiente fase.

Sin embargo, sí hay cosas que se pueden ir haciendo mientras tanto. Por ejemplo, podemos ejecutar una revisión técnica, que no consideraría leer, sino más bien preocuparse del formato.

  • Uso del guión largo
También llamado raya, el guión largo nos introduce las distintas intervenciones de los personajes en un diálogo, así como los comentarios del narrador. Es importante comprobar que no hemos utilizado un guión (-) o un signo menos en lugar del guión largo. Al ser un elemento no incluido en el teclado, a veces resulta sencillo utilizar algo cómodo y rápido de escribir y luego realizar una sustitución masiva, como por ejemplo dos guiones --.

Si escribimos en MS Word o en Open Office, también es sencillo crear una regla para que transforme automáticamente 2 guiones en una raya mientras escribimos.

Sea cual sea el método que decidamos, es fundamental que todos los diálogos estén escritos utilizando la raya. Para conseguirlo, basta mantener pulsada la tecla Alt Gr mientras tecleamos 0151: —

  • Capítulos, párrafos y diálogos
Una revisión que podemos hacer sin indagar demasiado en el texto es la correcta puntuación y consistencia de los capítulos, párrafos y diálogos. Tener todos los títulos de capítulos con el mismo formato y la misma separación hasta el primer párrafo, decidir si los párrafos irán separados entre ellos o no (normalmente no se separan) y si se separarán de los diálogos, comprobar que los diálogos siempre dejan un espacio con el párrafo anterior y el siguiente.

  • Crear un TOC (table of content)
Para dar formato al borrador de cara a imprimirlo, podemos crear un título en la primera página, dejar la segunda página en blanco y en la tercera crear un índice. En los programas informáticos se suele llamar TOC o tabla de contenidos. Para crearla, basta con formatear cada título de capítulo con el mismo formato de título, quizás título 2 o 3 para que la fuente no sea muy grande. Después, desde la página donde queremos crearlo pulsaremos Insertar-Tabla de contenidos (la forma puede cambiar de un programa a otro) y automáticamente nos creará el índice con un enlace a cada capítulo. No está de más invertir un rato en investigar las diferentes opciones que tenemos al respecto y crear un índice más o menos personalizado.
  • Frecuencia de aparición de palabras
Hoy en día hay muchos programas informáticos de análisis estático de texto que nos ofrecen varias herramientas, como contar las palabras, letras o espacios de un texto hasta identificar las palabras que más se repiten. Esto último resulta útil para identificar muletillas y palabras de las que hemos abusado al escribir el texto. Lo mejor es realizar el análisis de frecuencias, descartar las preposiciones y conjunciones que liderarán la lista y centrarnos en las primeras 20 palabras que más se repiten en el texto. Nos quedaremos con ellas en la cabeza para identificarlas más fácilmente durante la revisión.

  • Impresión del borrador
Para la primera revisión resulta práctico imprimir en papel el borrador. Eso nos ayudará a identificar problemas de formato a la vez que dará un descanso a nuestra vista. Un consejo que encontré por ahí y me pareció realmente practico es cambiar la fuente que hemos utilizado para escribir antes de imprimir. De esta forma, nuestros ojos se verán forzados a leer sin ignorar nada al no parecer las frases tan familiares. Otro consejo, este más a título personal, es imprimir a una sola cara. Aunque pueda parecer un derroche, el folio en blanco constante que tendremos de esta forma resultará bien práctico para realizar anotaciones durante la corrección. Igualmente, si en lugar de una línea sencilla de interlineado elegimos doble, resultará más sencillo identificar erratas y palabras fuera de contexto. Al final tendremos un borrador de 200 páginas o más, pero que nos resultará mucho más cómodo para trabajar en él.


Y en este punto, yo dejaría el borrador en un cajón abandonado por un par de meses por lo menos, durante los cuales me dedicaría a disfrutar de la lectura de mis escritores preferidos, prestando especial atención a las formas que se emplean en los libros, las acotaciones, los diálogos, etc. Tenemos que ser pacientes, no es fácil no saltar sobre el borrador impreso con el boli en la mano dispuestos a comenzar a corregir.

lunes, 4 de julio de 2011

La aventura de escribir (parte 2): La disciplina

Una de las fases más exigentes en cuanto a disciplina es la escritura del primer borrador. Teniendo un trabajo a tiempo completo, al igual que una vida social y familiar, encontrar el momento oportuno para dedicar a escribir puede resultar complicado. Además, necesitamos un mínimo de tranquilidad e inspiración para estar contentos con lo que escribimos.

Esta fase se puede llegar a extender más allá de un año si no somos capaces de centrar nuestras energías en completarla lo antes posible. Las épocas de dificultades exteriores también nos afectaran: momentos de más estrés en el trabajo, malas noticias, situaciones complicadas en nuestra vida personal. Por ello, el mejor consejo que se puede dar en esta fase es: escribe, no importa de dónde tengas que sacar las energías, escribe todas las semanas.

  • Establecer un mínimo de palabras
En la jerga de escritores, los textos se miden en palabras. Al principio puede resultar demasiado abstracto, sin embargo, enseguida nos encontraremos cómodos empleando esta metodología. La razón de contar en palabras y no en páginas es muy sencilla: el número de páginas vendrá determinado por el formato de impresión. Por norma general, una media de palabras/página que podemos emplear son 250. Sin embargo esto se correspondería con un formato de bolsillo y una fuente mediana.

Para determinar el ritmo de escritura, mi consejo es establecer un mínimo de palabras semanal en lugar de diario, ya que así se pueden esquivar de forma más ágil los imprevistos diarios. Así, un buen punto de partida sería forzarse a escribir entre 2.000 y 6.000 palabras semanales.

Una novela de narrativa suele contener entre 60.000 y 75.000 palabras. De esta forma nos podemos hacer una idea del tiempo que tardaremos en escribir el primer borrador. Hay géneros que por normal general se suelen exceder, como la ciencia ficción y la fantasía. Otros, por el contrario, pueden considerar una novela a partir de 50.000 palabras. En cualquier caso, estaríamos hablando de entre 10 y 30 semanas de escritura intensiva.

  • Encontrar un momento para escribir
No hay una fórmula mágica para determinar el mejor momento para escribir. Mientras unas personas son más activas por la mañana y prefieren levantarse antes para aprovechar ese tiempo, otras están más dispuestas a sacrificar alguna hora de sueño aguantando despiertos por la noche. Una cosa que personalmente me resultó práctica fue establecer un mínimo número de horas semanales que quería dedicar a escribir. Una vez establecidas, entre seis y ocho, hice una lista con todas las cosas habituales y cuánto tiempo a la semana consumían: trabajo, transporte, sueño, gimnasio, ver la tele, leer, limpieza de la casa, etc. Una vez que tuve todas ellas listadas resultó más sencillo ver cuáles podían ser sacrificadas a favor de escribir.

Así intenté dedicar dos días entre semana un par de horas a escribir y, en el fin de semana, encontrar otras tres o cuatro horas, lo cual siempre resultaba más sencillo. De esa forma, era fácil alcanzar mi objetivo semanal de escribir entre 2.000 y 6.000 palabras.

  • Encontrar un espacio para escribir
Conseguir un espacio en el que poder aislarnos del mundo para centrarnos en nuestra historia resulta vital. Al principio intenté llevarme el portátil arriba y abajo, a una cafetería mientras tomaba café, a un pub tranquilo mientras tomaba una pinta y escribía al lado del fuego en una buena chimenea. Al final encontré que mi casa, mi salón, era mi espacio para escribir. El entorno era tan familiar que no daba pie a distracciones, además, al vivir solo podía elegir en todo momento el nivel de ruido de fondo. La elección de la música también resulta importante, o al menos la decisión de si se quiere escribir con música de fondo. La música instrumental sin letra fue mi predilecta, en general con un tempo tranquilo y cierta facilidad para ser ignorada. La música demasiado invasiva terminaba por desconcentrarme.
Quizás en ocasiones podemos elegir una música ambiente que esté relacionada con lo que estemos escribiendo y nos ayude a poner un poco de emoción al texto. Por ejemplo, si nuestro personaje está evocando una canción en concreto o la acción se desarrolla en un entorno fácilmente reproducible, como una ópera o una verbena.

  • Adaptarse al tempo
Habrá días que nada más tocar las teclas seamos capaces de vomitar 2,000 palabras sin apenas respirar. Otros tendremos problemas para escribir apenas 400. La inspiración determina en muchas ocasiones la cantidad de texto que somos capaces de escribir. Factores como el estrés o el cansancio, las distracciones y las preocupaciones, pueden afectar a nuestro estado y convertirse en un obstáculo. Sin embargo, para eso hemos definido horarios. Si un día no somos capaces de escribir mucho, antes de tirar la toalla es mejor quedarse delante de la pantalla. Intentarlo una vez más. A veces, se consigue aprovechar esos minutos al superar la inercia negativa inicial completando más palabras de las que nos hubiésemos imaginado. Por ello es tan importante tener una disciplina estricta.


Por último, simplemente me queda por mencionar algunos consejos sueltos que descubrí con el tiempo que me ayudaron, como intentar escribir siempre a las mismas horas haciendo de ello una rutina, no dejar una semana sin escribir para no perder el ritmo, hacer un descanso justo antes y después de escribir donde reconectar con los personajes y revisar mentalmente lo escrito en el día.

sábado, 25 de junio de 2011

La aventura de escribir (parte 1): El comienzo

Han pasado dos años y medio desde que se apoderó una historia de mí exigiendo ser contada. El momento en el que surge una necesidad como ésta varía de una persona a otra. En mi caso apareció de una manera natural: tras mantener unos tres años un diario personal literaturizado en internet (osea, un blog) en el que intentaba contar con más o menos acierto mis aventuras diarias, me llegó la inspiración. Una historia que intenté transmitir a través del blog y ya ahí necesité de cuatro entregas para completar el desarrollo de algo que había compartido con mis amigos durante un viaje, algo que llamé Reflexiones del viajero y que fui publicando en Facebook en tiempo real. En aquel blog del cual ya no queda rastro porque quedó desfasado, surgió la necesidad de continuar la historia. Definir el personaje basado en mi experiencia y contar como atravesando ciudades y países en un viaje sin más, todo ello contado en primera persona fue un reto que no pude desestimar, tan tentador como para intentarlo por lo menos.

Preguntándome si estaba preparado para escribir algo como una novela, la respuesta de mi instinto fue tajante: no podría haber encontrado mejor momento. Así me lancé a la aventura que a continuación me gustaría compartir con todos vosotros. Los que ya estéis metidos en este mundo de escritor amateur sabréis que no es un camino fácil, aunque tan placentero que pronto se vuelve una adicción incurable. Compartiendo los pasos que he seguido en esta maratoniana carrera no quiero establecer una guía, ni mucho menos. Cada persona es un mundo y cada escritor tiene un universo infinito que compartir, por ello los pasos pueden alterar el orden o ni siquiera llegar a ejecutarse. En cualquier caso, espero que mi experiencia pueda servir cuanto menos para animar a todos aquellos que se encuentren en un momento difícil del proceso.


  • Paso 1: La idea original

Aunque pueda parecer obvio, elegir cuidadosamente una buena idea es fundamental. Ésta será la base de nuestro pequeño proyecto, los cimientos de la narración y los personajes. Cada persona seguirá un proceso diferente para decidir si una idea es viable o no. Para mí, es importante dejarla madurar en la cabeza, durante tiempo, hasta que caiga por su propio peso. La mayoría de ellas estarán podridas, porque no merecían ser escritas. Otras, que a pesar de prometer mucho, estarán infestadas y es importante aprender a descartarlas antes de acababar en un callejón sin salida.

Escoger la idea que queremos desarrollar se debe hacer como la novia que elige el vestido que llevará a su boda: por instinto. Por ello es muy importante saber escucharlo, es un arma fundamental para cualquier escritor.

En la práctica es normal encontrar que 8 de cada 10 propuestas acaban autodescartadas antes de llegar a esta fase. No hay que desesperarse ni meterse prisa en la elección. Ahora nos encontramos en un momento vulnerable y no podemos ser capaces de cómo se va a desarrollar el proceso, así que será mejor que al menos lo hagamos con una idea con la que de verdad nos sintamos a gusto.


  • Paso 2: Bocetos

En este punto los más nostálgicos y románticos tomarán notas en papeles sueltos, servilletas de bares o moleskines. Los más modernos, harán anotaciones en su nuevo y flamante móvil inteligente. Sea como sea, hay que empezar a bosquejar todo: los personajes, el entorno, el ritmo, la historia, el desarrollo. Todo dependerá del nivel de detalle que queramos. Para mí, los personajes son lo primero. Todo lo desarrollo en mi cabeza porque me permite más libertad que las anotaciones, y a parte de un par de notas breves por ahí perdidas, no va nada por escrito. Empiezo a intuir como piensa el personaje, qué le pasa por la cabeza un martes por la mañana cuando se despierta en la cama, cómo se sentiría en un autobús nocturno regresando a casa a las tres de la madrugada un jueves cuando tiene que madrugar al día siguiente. Qué toma para desayunar, cuál es su fruta preferida y su mayor miedo.


Hasta que 'el alma' del personaje no es sólida, no continuo con su expresión corporal, su físico y su forma de vestir. Al tener una silueta que visualizar, lo coloco en entornos y situaciones determinadas para adivinar su reacción. Le dejo que hable, con otros y consigo mismo. Le escucho, le espío, le admiro y le dejo libre. Si tengo más personajes, comienzo el mismo procesos en paralelo para cada uno. Poco a poco descubro las interacciones entre ellos, qué tipo de conversación podrían mantener, el tono de ésta, las palabras que emplearía cada uno y como las escucharía el otro.


Es el momento de introducir escenarios. Mi obsesión con las ciudades grandes hace que esto sea relativamente sencillo: una calle, un bar, un medio de transporte. Los defino vagamente para no intimidar a los personaje ni perder la atención sobre ellos. Les veo totalmente definidos moverse por un decorado aún a base de líneas vacías y formas sin colorear. Les dejo hasta que se sientan cómodos con el entorno. Hasta ese momento no defino más.


Con los personajes y un par de decorados principales, establezco un comienzo y un par de puntos intermedios en la historia. No más. El resto será trabajo de los personajes, ellos serán los encargado de llevarme de un lugar a otro, los que realmente decidirán que hacer. Digamos que les pongo en una situación inicial desde la cual son libres de moverse a otra, sin guía ni limitaciones.

Una vez el boceto está listo, es el momento de empezar a escribir. Habrá gente a la que le guste improvisar y se siente delante del ordenador a superar el síndrome de la página en blanco sin apenas un personaje definido. Habrá otros que tengan la historia completa preparada lista para dejarse contar. Sea como sea, estas dos primeras fases pueden durar desde días hasta años. Sería raro el escritor que en su cabeza tiene una sola idea geminando. Aún así, es importante saber cuando es el momento de continuar con la siguiente etapa, antes de que nuestra historia caduque abandonada en cualquier rincón de nuestra mente.