jueves, 24 de mayo de 2012

Traduciendo al gran Orwell

La traducción nunca ha sido mi actividad favorita, sin embargo, no pude resistirme a la proposición de DesEquiLIBROS de traducir un artículo de George Orwell en el que intenta calcular el coste de la lectura, y lo compara con el gasto en cigarros y alcohol.

¿Tienes curiosidad si las cosas han cambiado en los últimos 60 años? No te lo pierdas.

Libros Vs. Cigarrillos, por George Orwell

martes, 1 de mayo de 2012

Fragmentos #1


[Extraído del Capítulo 3 de Un ángel disfrazado de fantasma]

Sentado en la mesa miraba la silla vacía a mi lado e intentaba espantar la silueta de su ausencia, no era tarea sencilla. Cogí el teléfono y sin dudarlo le llamé. Sabía que él estaba pensando en mí en ese momento y necesitaba en cierto modo relajar un poco la tensión emocional que se me estaba acumulando. No quería echarme a llorar antes de subir al avión, aunque la necesidad de soltar ciertas lágrimas reprimidas hacía que me empezase a dar igual. Hablamos un minuto y cuatro segundos, me deseó buen viaje y que me lo pasase bien. Me recordó que le había prometido quedar con él cuando volviese para contarle todo acerca del viaje. Moví mi cabeza aunque no pudiese verme, a cada cosa que dijo, especialmente a la parte de quedar a la vuelta.
Estoy asintiendo —dije cuando me preguntó por quinta vez acerca de mi respuesta—. Te dejo trabajar, nos vemos a la vuelta. Cuídate.
Una mezcla de pensamientos y sentimientos ahogaba mi cabeza con los efectos de la tercera pinta. Por alguna razón, creía que si bebía suficiente alcohol podría dormir en el trayecto y despertar directamente en mi destino.

lunes, 16 de abril de 2012

Colaboración con El ojo y la aguja

Os dejo aquí (con algo de retraso) una colaboración con el blog El ojo y la aguja, un proyecto conjunto de relato erótico donde pude escribir con total libertad creativa. Espero que os guste.

Horas extra. Por Jesse Gray.


El ruido del teclado inundaba la oficina de un sonido tan triste como cenar solo en un restaurante lleno de parejas y familias. No me quedaba alternativa, mi jefe había amenazado con despedirme si no tenía el informe listo a primera hora de la mañana. Miré el reloj sin ánimo, eran más de las diez de la noche. De fondo se escuchaba el aspirador de la señora de la limpieza, que parecía acompañarme en mi desesperación.

Envíe el informe en un mail con la esperanza de que el tiempo extra contase para algo. Por un instante me quedé inmóvil en la silla, sin saber dónde ir o qué hacer con mi recién adquirida libertad. Cuando reaccioné, me dirigía al servicio en un acto reflejo y casi autómata.

Creo que empujé demasiado fuerte la puerta, o quizás el estruendo era el habitual, amplificado en el silencio estático de moqueta sucia y ordenadores en suspensión. El chaval que estaba en los urinarios pegó un brinco del susto.

—Perdón, no quería asustarte —el uniforme de la empresa de limpieza le dio sentido a aquella aparición tan inquietante.
—No pasa nada.

Me quedé dos urinarios más allá de él, visualizándole en mi cabeza. La piel morena y suave delataba sus orígenes asiáticos, seguramente de Filipinas o Malasia. De la cara apenas me dio tiempo a ver sus ojos rasgados y la pequeña nariz tímida, que apenas se atrevía a dibujar su perfil. La diferencia de altura era considerable, debía sacarle por lo menos diez centímetros. La constitución recia de un oficinista vago como yo tampoco destacaba mucho al lado de un cuerpo tan atlético. Me preguntaba si haría deporte o se mantendría así sin esfuerzo.


Para seguir leyendo, pulsa el siguiente link:
http://ojoyaguja.blogspot.com/2012/02/horas-extras-por-jesse-gray.html

miércoles, 1 de febrero de 2012

Edición digital de "Un ángel disfrazado de fantasma" gratis

¿Quieres hacerte con una de las copias que se están regalando de la novela? Pásate esta semana por la página de Facebook y descubre lo sencillo que es ganar una de las 5 copias gratis que se están regalando.

¿A qué esperas?

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sábado, 14 de enero de 2012

Los tweets que da la vida

La adición a los 140 caracteres de Twitter es potente, te absorbe al mundo donde cada pensamiento se puede convertir en un grito en mitad de la multitud, como el montañista que alcanza la cima y saluda esperando respuesta de su propio eco.

Decidí experimentar, exprimir cada pensamiento fugaz y efímero y convertirlos en algo más duradero, en un conjunto aleatorio de palabras y frases que juntas no tuviesen sentido y al mismo tiempo, contasen una historia; la mía propia, la de cualquiera de vosotros, la de un personaje olvidado e irreal.

Mirando atrás, quedan esas #rayadas y #rupturas que han ido inundando los timelines ajenos y que ahora, puedes recuperar y leer de un vistazo. ¿Ya has elegido tu favorito de ésta entrega? Tranquilo, pronto llegarán más.

De #rayadas, #rupturas y #decepciones (Primera entrega)

sábado, 3 de diciembre de 2011

Retomando el contacto

Regreso a la vida digital con la apertura de la tienda Kindle de Amazon en España. Espero que sea una buena oportunidad para todos los escritores que han osado a autopublicar, ya que si la presencia del lector aumenta en España, será más fácil promocionar y publicar novelas en este formato asequible y cómodo.

Hace tiempo publiqué mi novela en la tienda Kindle, pero ahora más que nunca me alegra verla en la tienda española.

¿Te has hecho con uno de los lectores digitales? No lo dudes, hazte con una copia de "Un ángel disfrazado de fantasma" y déjate seducir por el cálido ambiente del sudeste asiático.

Un ángel disfrazado de fantasma [Edición Kindle]

sábado, 24 de septiembre de 2011

No me quieras tanto

Raúl salió de la casa para evitar que la discusión se calentase más. Fue al estanco de la esquina donde compró un paquete de Lucky Strike y un mechero rojo, elegido por la dependienta —por un momento tuvo la sensación de que estaba flirteando con él, una pena que llegase en tan mal momento—. Caminó hasta el parque con pasos tranquilos y cortos, como si supiese donde quería ir desde antes de poner un pie en la calle, hasta encontrar un banco apartado. Allí abrió el paquete de cigarrillos y encendió el primero de muchos, el que acabaría con tres años y medio sin fumar, los mismos que llevaba con ella.

Dejar de fumar fue tan sencillo a tu lado” recordaba con las primeras caladas. El humo entraba y salía de sus pulmones llenando su cabeza con un ligero mareo que se sentía agradable. Los recuerdos parecían inundar sus pensamientos, rememorando aquella primera cita en el instante en que se puso un cigarro en la boca.

¿Fumas? —dijo ella con una expresión a mitad de camino entre la repulsión y la decepción.

Bueno, en realidad estoy intentando dejarlo —titubeó él, en un intento de agradarla.

Al principio dejó de fumar cuando estaba con ella. Cuando quiso darse cuenta se veían todos los días y se había olvidado del tabaco por completo.

Su cabeza saltaba de un recuerdo a otro sin un orden aparente, mientras sostenía el mechero rojo entre sus manos y lo encendía aleatoriamente, sin apenas prestarle atención.

Este fin de semana he reservado una habitación de hotel para nosotros, así podremos dedicarnos un momento —disimuló la encerrona para pedirle irse a vivir con él con semejante regalo.

Ella no dudó un instante cuando se lo pidió mientras se daban un baño lleno de espuma y burbujas. Le daba tranquilidad y seguridad estar con él, aunque había muchas cosas que esperaba cambiar con el tiempo.

Cansado de recordar y sin encontrar un momento en el que viese que hubiese hecho algo mal, Raúl decidió volver a casa después de haber visto un número indeterminado de parejas paseando de la mano. Una niña que jugaba cerca del banco, rubia y con unos ojos azules embaucadores, le dijo adiós desde el carrito cuando se iba. Él sonrió haciendo un esfuerzo, la pequeña no tenía culpa de nada. El gesto que parecía insignificante le dio el valor necesario para no dejarse machacar. No creía haber sido el malo en todo este tiempo, al contrario. Por eso no entendía que recelase hacia su amor. Entendió que seguramente fuese ella la que dudase, no quería hacerle perder el tiempo, retenerla, evitar que conociese a alguien que la hiciese feliz si él no podía conseguirlo.

Entró al piso que habían compartido los dos últimos años sintiendo que los techos estaban más bajos que de costumbre. Al fondo, en la habitación, escuchó jaleo. Se acercó hasta apoyarse en el marco de la puerta mientras la observaba meter la ropa en una maleta.

Es la tercera vez que haces el numerito de recoger tus cosas. Espero que estés dispuesta a marcharte porque mi paciencia se terminó, no pienso hacer nada para retenerte.

Eso es porque no me quieres, ¿lo ves? Estaba segura de ello.

¿Este chantaje emocional significa que tú sí? Yo no sería capaz de hacerte algo así —sus ojos se empañaron de decisión y nostalgia, un nudo se le atravesó en la garganta terminando la frase abruptamente.

¿Ahora te vas a hacer la victima?

No, no quiero robarte el papel protagonista. Sólo espero que nunca te des cuenta del error que estás cometiendo hoy o te arrepentirás por mucho tiempo —le dio la espalda para encontrar fuerzas y terminar la frase—. Me voy un par de días para que puedas terminar de recoger tus cosas tranquilamente. Cuando vuelva espero que ya no estés aquí.

Espera, yo no quería terminar lo nuestro —la confusión se apoderó de ella sin darle tiempo a entender qué estaba pasando.

Claro, entonces las maletas las hacías porque te ibas de vacaciones.

No, yo solo pretendía…

Machacarme una vez más. ¿Y tú te atreves a cuestionar si te quiero?

Lo siento.

Yo sólo siento que sea tarde para disculpas.

Salió del piso y bajó los tres pisos de escaleras hasta aterrizar en la calle. Miró a un lado y a otro aturdido por el ruido del tráfico y echó a correr hasta llegar a una calle más tranquila. Las lágrimas se arrastraron por su cara quemándole los mofletes y acabó vomitando entre dos coches. Un señor mayor que pasaba cerca recriminó la actitud de la juventud en voz alta pensando que estaba borracho a las ocho de la tarde.

Se acabó —dijo en voz alta —. Por fin se terminó.

Se recompuso como pudo, limpiándose la cara con un pañuelo de papel, y se prometió a sí mismo que no volvería a dejarse machacar por nadie de esa forma. A partir de aquel día Raúl decidió que tenía que quererse más a sí mismo, para así encontrar a alguien que le ame de verdad, como él mismo era capaz de amar.