En este espacio se permite recordar con añoranza historias que nos hicieron llorar y sonreír, espiar vidas ajenas que nos inspiren en un día de lluvia, dejar que los pensamientos vuelen libres y las palabras se conviertan en emociones.
jueves, 24 de mayo de 2012
Traduciendo al gran Orwell
¿Tienes curiosidad si las cosas han cambiado en los últimos 60 años? No te lo pierdas.
Libros Vs. Cigarrillos, por George Orwell
martes, 1 de mayo de 2012
Fragmentos #1
lunes, 16 de abril de 2012
Colaboración con El ojo y la aguja
Horas extra. Por Jesse Gray.
El ruido del teclado inundaba la oficina de un sonido tan triste como cenar solo en un restaurante lleno de parejas y familias. No me quedaba alternativa, mi jefe había amenazado con despedirme si no tenía el informe listo a primera hora de la mañana. Miré el reloj sin ánimo, eran más de las diez de la noche. De fondo se escuchaba el aspirador de la señora de la limpieza, que parecía acompañarme en mi desesperación.
Envíe el informe en un mail con la esperanza de que el tiempo extra contase para algo. Por un instante me quedé inmóvil en la silla, sin saber dónde ir o qué hacer con mi recién adquirida libertad. Cuando reaccioné, me dirigía al servicio en un acto reflejo y casi autómata.
Creo que empujé demasiado fuerte la puerta, o quizás el estruendo era el habitual, amplificado en el silencio estático de moqueta sucia y ordenadores en suspensión. El chaval que estaba en los urinarios pegó un brinco del susto.
—Perdón, no quería asustarte —el uniforme de la empresa de limpieza le dio sentido a aquella aparición tan inquietante.
—No pasa nada.
Me quedé dos urinarios más allá de él, visualizándole en mi cabeza. La piel morena y suave delataba sus orígenes asiáticos, seguramente de Filipinas o Malasia. De la cara apenas me dio tiempo a ver sus ojos rasgados y la pequeña nariz tímida, que apenas se atrevía a dibujar su perfil. La diferencia de altura era considerable, debía sacarle por lo menos diez centímetros. La constitución recia de un oficinista vago como yo tampoco destacaba mucho al lado de un cuerpo tan atlético. Me preguntaba si haría deporte o se mantendría así sin esfuerzo.
Para seguir leyendo, pulsa el siguiente link:
http://ojoyaguja.blogspot.com/2012/02/horas-extras-por-jesse-gray.html
miércoles, 1 de febrero de 2012
Edición digital de "Un ángel disfrazado de fantasma" gratis
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sábado, 14 de enero de 2012
Los tweets que da la vida
Decidí experimentar, exprimir cada pensamiento fugaz y efímero y convertirlos en algo más duradero, en un conjunto aleatorio de palabras y frases que juntas no tuviesen sentido y al mismo tiempo, contasen una historia; la mía propia, la de cualquiera de vosotros, la de un personaje olvidado e irreal.
Mirando atrás, quedan esas #rayadas y #rupturas que han ido inundando los timelines ajenos y que ahora, puedes recuperar y leer de un vistazo. ¿Ya has elegido tu favorito de ésta entrega? Tranquilo, pronto llegarán más.
De #rayadas, #rupturas y #decepciones (Primera entrega)
sábado, 3 de diciembre de 2011
Retomando el contacto
Hace tiempo publiqué mi novela en la tienda Kindle, pero ahora más que nunca me alegra verla en la tienda española.
¿Te has hecho con uno de los lectores digitales? No lo dudes, hazte con una copia de "Un ángel disfrazado de fantasma" y déjate seducir por el cálido ambiente del sudeste asiático.
Un ángel disfrazado de fantasma [Edición Kindle]
sábado, 24 de septiembre de 2011
No me quieras tanto
“Dejar de fumar fue tan sencillo a tu lado” recordaba con las primeras caladas. El humo entraba y salía de sus pulmones llenando su cabeza con un ligero mareo que se sentía agradable. Los recuerdos parecían inundar sus pensamientos, rememorando aquella primera cita en el instante en que se puso un cigarro en la boca.
—¿Fumas? —dijo ella con una expresión a mitad de camino entre la repulsión y la decepción.
—Bueno, en realidad estoy intentando dejarlo —titubeó él, en un intento de agradarla.
Al principio dejó de fumar cuando estaba con ella. Cuando quiso darse cuenta se veían todos los días y se había olvidado del tabaco por completo.
Su cabeza saltaba de un recuerdo a otro sin un orden aparente, mientras sostenía el mechero rojo entre sus manos y lo encendía aleatoriamente, sin apenas prestarle atención.
—Este fin de semana he reservado una habitación de hotel para nosotros, así podremos dedicarnos un momento —disimuló la encerrona para pedirle irse a vivir con él con semejante regalo.
Ella no dudó un instante cuando se lo pidió mientras se daban un baño lleno de espuma y burbujas. Le daba tranquilidad y seguridad estar con él, aunque había muchas cosas que esperaba cambiar con el tiempo.
Cansado de recordar y sin encontrar un momento en el que viese que hubiese hecho algo mal, Raúl decidió volver a casa después de haber visto un número indeterminado de parejas paseando de la mano. Una niña que jugaba cerca del banco, rubia y con unos ojos azules embaucadores, le dijo adiós desde el carrito cuando se iba. Él sonrió haciendo un esfuerzo, la pequeña no tenía culpa de nada. El gesto que parecía insignificante le dio el valor necesario para no dejarse machacar. No creía haber sido el malo en todo este tiempo, al contrario. Por eso no entendía que recelase hacia su amor. Entendió que seguramente fuese ella la que dudase, no quería hacerle perder el tiempo, retenerla, evitar que conociese a alguien que la hiciese feliz si él no podía conseguirlo.
Entró al piso que habían compartido los dos últimos años sintiendo que los techos estaban más bajos que de costumbre. Al fondo, en la habitación, escuchó jaleo. Se acercó hasta apoyarse en el marco de la puerta mientras la observaba meter la ropa en una maleta.
—Es la tercera vez que haces el numerito de recoger tus cosas. Espero que estés dispuesta a marcharte porque mi paciencia se terminó, no pienso hacer nada para retenerte.
—Eso es porque no me quieres, ¿lo ves? Estaba segura de ello.
—¿Este chantaje emocional significa que tú sí? Yo no sería capaz de hacerte algo así —sus ojos se empañaron de decisión y nostalgia, un nudo se le atravesó en la garganta terminando la frase abruptamente.
—¿Ahora te vas a hacer la victima?
—No, no quiero robarte el papel protagonista. Sólo espero que nunca te des cuenta del error que estás cometiendo hoy o te arrepentirás por mucho tiempo —le dio la espalda para encontrar fuerzas y terminar la frase—. Me voy un par de días para que puedas terminar de recoger tus cosas tranquilamente. Cuando vuelva espero que ya no estés aquí.
—Espera, yo no quería terminar lo nuestro —la confusión se apoderó de ella sin darle tiempo a entender qué estaba pasando.
—Claro, entonces las maletas las hacías porque te ibas de vacaciones.
—No, yo solo pretendía…
—Machacarme una vez más. ¿Y tú te atreves a cuestionar si te quiero?
—Lo siento.
—Yo sólo siento que sea tarde para disculpas.
Salió del piso y bajó los tres pisos de escaleras hasta aterrizar en la calle. Miró a un lado y a otro aturdido por el ruido del tráfico y echó a correr hasta llegar a una calle más tranquila. Las lágrimas se arrastraron por su cara quemándole los mofletes y acabó vomitando entre dos coches. Un señor mayor que pasaba cerca recriminó la actitud de la juventud en voz alta pensando que estaba borracho a las ocho de la tarde.
—Se acabó —dijo en voz alta —. Por fin se terminó.
Se recompuso como pudo, limpiándose la cara con un pañuelo de papel, y se prometió a sí mismo que no volvería a dejarse machacar por nadie de esa forma. A partir de aquel día Raúl decidió que tenía que quererse más a sí mismo, para así encontrar a alguien que le ame de verdad, como él mismo era capaz de amar.